Semana Santa, Políticos y Corrupción
Publicado el 20-03-2008 por Fernando Peña
Este es el periodo sagrado del cristianismo que va desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección desde el punto de vista litúrgico.
En esta semana la iglesia católica tiene mucha actividad, se hace un boletín oficial donde se pide una gracia, se hace un memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Celebraciones especiales, lecturas de las Sagradas Escrituras, oraciones solemnes y la veneración de la crucifixión de cristo, entre otras actividades, nos recuerdan las grandes acciones y sacrificios de Dios para redimir a la humanidad.
Muy pocos guardan la solemnidad de la Semana Santa o como le llaman los ortodoxos, “Semana Grande”. Todas las labores docentes se suspenden durante esta semana, la gente se va en bebentina, parranda y francachela. Lo menos que se recuerda es de las acciones de sacrificios de Dios para redimir a la humanidad.
Tiene razón el Arzobispo de Santo Domingo, Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez cuando dice y recuerda que la Semana Santa no es “para parrandear, no son días de vacaciones”, sino para reflexionar “desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección” en “los últimos días de Jesús en la tierra, con el memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección”.
En estos tiempos electoreros ese espíritu de recogimiento, de oración y meditación debe llevarnos a una actitud crítica sobre la realidad nacional, sobre la corrupción administrativa alarmante de estos días, sobre la violencia y delincuencia callejera.
Que sea un tiempo de conversión verdadera ante esta circunstancia histórica que vivimos hoy los dominicanos, donde se nos apaga la esperanza y vemos a diario desde el gobierno indicios de viejas prácticas que generan inquietud y desavenencia entre las autoridades y la sociedad.
Esta Semana Santa debe ser de oportunidad para lograr cambios permanentes de aplicación diaria no solo personal y moral sino comunitaria.
Para que dejemos atrás los epítetos y descalificaciones hacia los demás, para que haya paz en nuestro pueblo. Erradicar el odio, la división. Pacificar el país mediante un dialogo sincero.
Ciertamente Cardenal, los que “se sientan cristiano” tienen que dar “testimonio coherente” de sus convicciones, de valores auténticos como la seriedad, el compromiso, la palabra dada. Más aún, agrego yo, en estos tiempos de campaña electoral, de promesas no cumplidas y de despilfarros de los dineros del Estado en aprestos continuistas.
Debemos cambiar el país, llamar a la reconciliación nacional ante la gran división que existe por razones políticas, por intereses y por la decadencia moral que exhiben los que nos gobiernan.
Ahí es donde debemos reflexionar, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. Y vernos en los últimos días de Jesús en la tierra, con el memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección.































































